DE LA CRISIS DEL S. IV AL MAYRIT MUSULMÁN
Entre los siglos IV y VII después de Cristo resulta palpable la decadencia de la población en el territorio madrileño, hasta la práctica desaparición de todo núcleo que pudiera ser considerado urbano. En época visigótica se ha planteado la existencia de un pequeño establecimiento urbano, un vicus, en la margen izquierda del Manzanares. En los años treinta del siglo pasado el arqueólogo Julio Martínez Santaolalla creyó encontrar un cementerio visigodo, justamente en las puertas de la Casa de Campo: "Saliendo de Madrid por el Puente de Segovia con dirección a Carabanchel se encuentra, frente a las tapias de la Casa de Campo la Colonia del conde de Vallellano. En las parcelas, sin urbanizar todavía, que lindan con las casas de la parte alta de la colonia, y en un terreno llano o levemente inclinado, que forma la cima de un cerro, es donde se ha descubierto casualmente el cementerio visigodo de Madrid"
La invasión musulmana en el siglo VIII acentuó la crisis demográfica de la región central
A finales del S. IX el emir Muhammad I funda la ciudad de Mayrit. En una de las colinas, al lado del barranco, edificó el alcázar que amuralló usando sílex o pedernal en su parte inferior y caliza en la puerta superior, rodeando esta muralla con fosos llenos de agua, aprovechando los numerosos arroyos que había en Madrid. " Sobre el agua fui edificada, mis muros de fuego son"
A este recinto amurallado se le denominaba Almudayna o Almudena, que significa “Ciudadela” en árabe. Posteriormente, los reinos cristianos modifican la muralla, permaneciendo Madrid amurallado hasta 1566
Se convirtió en una especie de tierra de nadie que sólo empezó a tomar valor, por razones de tipo estratégico, conforme se incrementó la presión militar de los reinos cristianos del norte de la Península. De esta manera el territorio madrileño adquirió una creciente importancia en función de la defensa de Toledo, hasta llegar a ser la posición defensiva más avanzada de la comarca septentrional y fronteriza de la Marca Media cuya capital era Toledo. A partir de la segunda mitad del siglo IX, una colina situada en la margen izquierda del río Manzanares enfrente de la actual Casa de Campo, comenzó a adquirir un destacado interés estratégico hasta el punto de que entre 860 y 880 allí se construyó una fortaleza. La ciudad de Madrid salía a la palestra de la historia, bajo la forma de un pequeño recinto amurallado
de corte militar, denominado Mayrit. Ese ribat llamado Mayrit pronto se convirtió en el principal enclave musulmán del territorio disputando la primacía a Talamanca, y llegó incluso en el siglo X a contar con gobernador propio.
En el emplazamiento que ocupa actualmente el Palacio Real se erigió en época del emir Muhammad (852-856) una fortaleza con su torre y el recinto amurallado contiguo, ampliado y reformado en el siglo X.
Separado por un barranco -hoy día la calle de Segovia-, se extendió el arrabal por las cercanías de la actual Cava Baja. En el cruce de las actuales calles de Bailén y de Mayor estaba ubicada la Mezquita Mayor. En el 939 el rey leonés Ramiro II tomó la Alcazaba madrileña abandonándola de manera inmediata. En 1083 Mayrit cayó definitivamente en poder de los cristianos.
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El Madrid Pre- y Musulmán , su origen , su nombre y sus murallas
EL MADRID MEDIEVAL MIRA A LA CASA DE CAMPO
La decisión adoptada por Enrique III de convertir El Pardo en residencia y coto de caza real tuvo una importancia básica en el camino de la pequeña villa de Madrid, para convertirse con el tiempo en la capital de un Imperio. En efecto, a partir de esta época las estancias de los monarcas en El Pardo se hicieron más numerosas y prolongadas en el tiempo Con ello el Alcázar madrileño sufrió importantes obras durante la dinastía Trastamara, a fin de adecuarlo al uso más frecuente de la corte castellana.
Obras de modernización que continuaron con Carlos I, transformando el Alcázar en un auténtico Palacio Real
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La ampliación y las reformas fueron dirigidas desde 1536 por Covarrubias como maestro mayor de las obras. y enfrente del Alcázar se ubicaba un frondoso bosque visitado ocasionalmente por los reyes, que formaba parte de un ecosistema más amplio. Un lugar, todavía sin denominación precisa que se unía de forma natural a El Pardo. Junto a los monarcas residía un reducido grupo de notables locales, cuyos orígenes ocasionalmente se remontaban a la conquista de Mayrit en época de Alfonso VI. Serán éstos quienes dominarán el concejo madrileño, participando activamente en la defensa de la villa frente a las pretensiones de los señores feudales. Son los Alcocer, Luzón, Losada, Vargas...
sonoro apellido este último de indudables repercusiones en el futuro de la Casa de Campo.
Para el conjunto de los pequeños campesinos los espacios de la Casa de Campo eran lugares para la obtención de leña o de caza menor, es decir, de complemento para sus frágiles economías. La decisión de instalar la Corte en Madrid adoptada por Felipe II , si a ello le unimos su posición geográfica equidistante de los diferentes territorios de la Corona en la Península, y el favorable ecosistema madrileño en el que la abundancia de montes y dehesas para practicar la caza, a la que tan aficionados eran los monarcas, explicarían las variadas motivaciones que llevaron a Felipe II a elegir Madrid como capital del Imperio.
Esta decisión marcó un antes y un después, también en el territorio de la Casa de Campo. Allí la familia de los Vargas estaba bien situada. Felipe II va a valorar esta zona como un lugar estratégico, de solaz y de prestigio y que el veía como la continuación natural de El Pardo y del Alcázar.